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Feroces como el agua de las nubes
en pueblos encharcados por la lluvia,
las hierbas recuerdan su verdor,
sus genomas arborescentes de delgadas hojas
coronadas por la menta.

Adolescentes gritos enredan el aire en arcos dorados
como cánticos sagrados que anuncian el fulgor,
el esplendor de los cuerpos que mienten el antiguo designio de la derrota.

Todo asume su condición:
el fuego genital en la llama que desbroza el bosque
y en los vegetales que ya prometen en las ausencias
el generativo don de la multiplicación.

Pero habrá un día especial en cada materia,
un ácido que corrompe las cenizas,
una ebriedad en los astros,
una equivocación en la circunferencia del sol,
un cansancio que nunca se derrumba,
y algún día toda la sangre de las cosas dirá los minutos en vías muertas
y entonces habrá algodones como golosinas
y todos los colorines de esta feria negarán el viento,
se extenderán como cuerpos largamente vacíos
sin espera ni congoja.
Y entonces la luz se encogerá hacia dentro
y no habrá más sombra que l…
Tienes en la frente la suave codicia de los que se desahucian de la vida
para habitarte lentamente, con cautela, educando las mordeduras.

Quién conoce el viento sabe que en un mínimo instante
se desbordan las aguas y perfectas tormentas como algoritmos delgados
perforan dulcemente las cicatrices
causando la hemorragia volátil de un suspiro de azafrán

Sabes que la cosecha del dolor es inmensa
da panes y peces
y de una gota de sal se extrae la memoria de todas las mareas

De pie, como un ágil mástil que domina los océanos
sabes inclinarte ante la tertulia de los augurios
y que vivir desgastándote es el único acto que justifica
desprenderte de la capa de los días

Siempre serás un niño inaugurando juguetes en una madera podrida
Siempre.
CUADERNO DE BITÁCORA
Buscaba en la vena de las orquídeas
el fulgor generativo de la clorofila


Comprendía el dolor blanco de los ciervos
en el tenso balido del deseo
Vino a la vida a recoger cosechas prometidas
entre la arena fina del viento bíblico
y no faltaron cábalas y otros abalorios
confeccionados para aquellos que sólo colgaban
de su cuello tiernos tallos floridos
Demasiado pronto abrió con las manos
el sentir escéptico de la sospecha que pesaba algo más
que el juicio de la luna
o el perfume del sándalo y su minuciosa contaminación
de mundos posibles
Recibió en el pecho heridas profundas de los aceros blandos de las palabras
Agudas flechas trocearon su torso desgastado por las tormentas
Con el velamen roto perseguía su destino



Flor de la resignación
savia roja de la espina
carne y llama lenta


En la tarde se acercaba al crepúsculo
para encender certezas
Soplaba y nunca logró avivar las cenizas.
Tiembla mi voz y tiembla mi mano
y esa tela colgada en la ventana
también hace temblar el paisaje
y el altivo azul se llena de tierra cuando el aire barre la comisura
de los labios de los surcos
los surcos pliegues de un abanico blando
filamentos de un metal desangrado uñas rasgando la cólera del hierro hasta la oxidación 
átomos estirados hasta la desesperación
la diminuta vida de los océanos desintegrados
el universo mutilado de estrellas

podría decir hojas negando la clorofila
hierbas con la belleza seca de un bosque encogido por las llamas
el fracaso de los prados que no atraen al pasto de los bóvidos
podría decir mar donde una mano ya no puede acariciar la piel del agua
y es también temblor
cuando la llama sostiene un fulgor quebradizo, a punto de romperse
y también el tartamudeo del enamorado es como el temblor del núcleo de la materia cuando beben vinagre las moscas y se descomponen los genes
y la velocidad del yunque que golpea las sístoles en el río de la sangre
es sangre río en venas como …
Nostalgia Dijiste que la tristeza es como un traje viejo,
nostalgia de aquellos momentos que cayeron de los calendarios
y aún vienen rodando por la cabeza,
segados de la memoria,
vegetales deshilachados, hoja a hoja,
pétalo a pétalo,
gotas de una fuente apurando su sed
o la exquisita caricia que se muere en el amanecer del deseo.

Dijiste cosas así
y yo creía en tus palabras
como amarras de barcos perdidos en la niebla.

Palabras, sólo palabras,
pero la hora se resiste, amplia y terca,
hambre en despensa vacía
y tú sabes cómo somos los náufragos:
nos pasamos los días soplando en las cenizas,
llorando sobre los trozos de una inocencia perdida.
Palomas y gaviotas



Puede que en este mundo nada cause más diversión y produzca esta risa extraña, por sorpresiva, que sale de alguna boca al oír las mentiras, programadas desde las altas estancias de sus ideólogos, de algunos políticos.
La risa ese remedio infalible, proclamaba aquella revista chata en tamaño y grande en transmisión de ideología que se llamaba Reader´s Digest. Tenía chistes escasamente jocosos, pero con su gracia. Un poco ñoña, eso sí.
Yo la leía, en mi infancia de niño de aldea, con un mes de retraso. Mi tía, hermana de mi madre, la traía a nuestra casa desde la casa de donde trabajaba, en Cuatro Caminos. Los señores, pues mi tía les llamaba así, con un cariño agradecido que no dependía del salario que seguramente le pagaban de sirvienta para todo, tenían una droguería en aquellos tiempos en que ser dueño de un comercio te hacían burgués con toda su parafernalia, incluido un buen vivir alejado del centro de trabajo.
Yo, lector empedernido, devoraba esa revista como dev…

NADAR

Na auga e dentro da auga.
Un feixe de luces delicadas, transparencias luminosas
de luz esfumada entre láminas.
Unha rede atravesada por raios.

Por entre o útero seminal, onde animais
brandos voan con diminutas ás rachando
a urda de estame ou ceos de vetas en licuación
preparados para a vagarosa
concentración do sal cara á dura xeoloxía.

O que xace baixo o mar é frío.
Unha nube de po cristalizado.
A imaxe da posibilidade doutros mundos
no seu encerro de corazón axigantado.
O que temos de acuático no soño,
bracear entre brandas ondas e horizontais espellos.

Pero consciente desa atracción profunda,
nadas abrazando o mar para impulsarte
deixando coroas de brillos ao teu ao redor.

Sabes estar, agora, no amarelo pleno do verán
e lembras a intensa sombra do inverno
e a confusión dos ocres outonais
e que todo pasa nun cordón lonxitudinal
coroado pola explosión das estacións,
e que vives entre correntes alternas
flotando na liberdade que randea ao náufrago
Aínda é pronto, dis,
co sal per…